jueves, 30 de junio de 2011
Secretos Míos
Era sueño gozar de ti. Era una tortura aceptar tu muerte. Era sueño la fantasía de tenerte, es matadora la realidad. No estás, no vives, no respiras.
Todos mis amados fallecieron. Todos mis anhelos se escondieron detrás este dolor. Voces ásperas me encaminan hacia tu presencia. Todos y cada uno de estos pasadizos que has pisado durante tantos años, ahora son polvo y cenizas. Ahora, son tus huesos.
Oscuridad, fría oscuridad. Cierro los ojos, y estás tan cerca… aún puedo oler tu perfume, tu latido, tu respiración habitualmente entrecortada. Hay, aunque sea poco, algo de ti. Hay, aún, recuerdos de ti, en mi cabeza.
Sólo yo te recuerdo, porque te he vivido más que nadie. Solamente, ahora soy yo la que sé qué hemos vivido tú y yo.
Cuando el morir me penetre, no seremos más que desconocidos en esta historia física, pero amantes olvidados, inexistentes. Seremos parte del loco. Seremos parte de una mente que decida relatar una historia inventada. El amor, como tal, habrá muerto, porque no habrá constancia. Se ha perdido una vida, ¿quién llora por ella? Millones de personas hay en este mundo. El conjunto es todo, el individuo nada.
Somos ignorados. El morir no es más que una cifra menos de largos porcentajes, o de medidas de población… Cuando uno muere, no es más que el asqueroso y putrefacto cadáver que nadie desea.
Ahora soy yo, pobre esclava que almacena un nada en su mente. Guardo el secreto de tu vida, y el de tu muerte. Guardo la realidad del saber que no estás. Guardo el pasado de revivir, con privilegio, tu sonrisa. Guardo… la felicidad de haberte conocido, y el dolor persistente de haberte perdido.
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