jueves, 29 de septiembre de 2011
Mezcla
La penumbra que me asola, es el silencio del mudo. La oscuridad del mundo hipócrita, es el grito del incomprendido. El laberinto de la mente para encontrar una salida, una solución, un escapismo acelerado antes del final fatal.
Anhelo expresar aquello que he vivido, aquello que he callado, aquello que he visto y oído. Aquello que me perturba sin dejar un rastro de su estada.
Parecía que mi rostro hierático era el sujeto para ser el títere de aquellos que, con sus garras, acuden a mi destrucción. Pareció que mi vida, era objeto con el cual se podía jugar.
Yo era la figura de cristal, frágil y débil, que nunca se rompía por más golpes que se le daran. Estaba siempre perfecta, inmóvil, pero las grietas de su corazón, cada vez más grandes y profundas, que, un día se rompieron, y con ella, la frágil vida, que en mil pedazos restó. Abandonada en un rincón, allí se quedó. Distante, solitaria, pero sonriendo, como siempre.
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