viernes, 12 de agosto de 2011
Asesinato
Puedes romper todo lo que soy, como un frágil cristal, pero los pedazos rotos se llevaran tu sangre. Puedes romper mis palabras del papel, pero no las olvidarás jamás. Puedes corromper el silencio de mi ataúd, pero jamás podrás volver a matarme. Puedes saborear mi muerte, mi sangre y mi cadáver, pero te juro que un día te pudrirás en la oscuridad, mientras, yo libre, podré gozar de los remordimientos que poco a poco te consumirán como el final que me diste.
Aunque soy cadáver sin corazón, porque cuando me mataste, me mutilaste y me dejaste sin él, no voy a descansar hasta encontrarlo.
Me has arrebatado aquello que amaba, aquello que quería, aquello que era. Me has arrebatado mi vida, mis sueños, y las personas, que, aunque tú no conoces, ya odias.
Has introducido mi alma en su infierno. Ahora te gusta ser yo, y gozar de todo aquello que no podías ser si yo estaba allí. Ahora, soy un caramelo dulce, pero en tu interior, no seré más que veneno. Te lo prometo.
Recuerda: Nadie, absolutamente nadie me volverá jamás a herir como tú lo has hecho, y esto no voy a olvidarlo, ni viva, ni muerta.
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